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Alumnos de la ESO de Sarria identifican puntos negros de su municipio


Si alguien sabe qué es trabajar con alumnos y el Camino de Santiago, ese es Martín Álvarez, profesor del CPR Nuestra Señora de la Asunción. Se lo facilitó el hecho de estar en Sarria, y Sarria, hoy por hoy, es el corazón de la ruta jacobea en Galicia. Ha desplazado a O Cebreiro por una razón sencilla: mucha más gente comienza en la primera de las localidades porque cumple en menos días el requisito de obtener la Compostela, que no es otro que recorrer cien kilómetros andando.

Y este año Martín Álvarez y los alumnos de 2º y 3º de ESO siguen con el Camino de Santiago, pero han ampliado su radio de acción, de manera que ese itinerario es uno más entre sus ambiciosos objetivos: detectar en el casco urbano y en las aldeas de los alrededores puntos negros. O sea, basureros clandestinos y similares, por pequeños que sean.

«No vamos a poder salir, por el protocolo Covid, pero nosotros vamos a seguir trabajando igual», dice con una voz que denota su mucho ánimo. Ya empezaron hace una semana y continuarán al menos a lo largo de esta. ¿Cómo? «Estamos en la fase de recopilar información, de que anoten lugar, fecha y descripción de los enclaves que ellos van viendo al andar o al irse a sus casas», explica, y añade: «Mis estudiantes están encantados con la idea».

La siguiente pregunta es qué van a hacer con esa información. Oro puro para la clase del profesor Álvarez, Lengua Española. De manera que con todos los datos van a hacer una puesta en común y a elaborar un informe -«no en plan denuncia, sino colaborativo y que proponga soluciones», aclara- que contenga «textos coherentes, en lenguaje formal», y que será entregado a las autoridades.

La dirección del centro ha visto con muy buenos ojos la idea. Martín, infatigable, aprovecha para echar la vista atrás y explicar por qué siguen con el Camino de Santiago aunque ahora no sea su objetivo principal: «Sinceramente, está bastante limpio, encontrábamos sobre todo cajetillas de tabaco que algún conductor tiraba desde el coche -va paralelo a la carretera- y algún envoltorio plástico de las pacas de hierba». Y se le nota muy contento de cómo les funcionó el Asungnomo: una estructura metálica donde los alumnos echaban los plásticos «y así se daban cuenta de la gran cantidad de ellos que consumían».